Siente la Pasión de Málaga II. Leyendas.

Con estas fechas y continuando el anterior post, vamos a seguir conociendo nuestra Semana Santa. Cambiando un poco el orden anterior con las historias que ocurrieron a partir de los trágicos sucesos en 1931, podemos mencionar otras leyendas ocurridas algunas en épocas anteriores. Historias llenas de encanto y magia, que nos hacen ver que las imagenes que recorren las calles malagueñas son especiales y únicas.

Pollinica pasando por la Alameda

Pollinica pasando por el Alameda

Legionarios portando al Cristo de la Buena Muerte

Legionarios portando al Cristo de la Buena Muerte

Podríamos empezar con una leyenda que dicen que sucedió durante el reinado de Carlos III en nuestro país. Una epidemia azotó Málaga, el pánico estaba extendido y las autoridades prohibieron que los malagueños se reuniesen en lugares públicos por miedo a que se extendiese más aún. Esta prohibición también afectaba a las iglesias que echaron cerrojo durante un tiempo, coincidiendo con Semana Santa, aquel año no pudieron procesionar.

En aquellos tiempos la cárcel se encontraba en la Plaza de la Constitución (antigua Plaza de las Cuatro Calles). Al llegar la noticia a los oídos de los presos, y viendo que ese año Nuestro Padre Jesús “El Rico” no desfilaría por las calles de Málaga, solicitaron permiso al corregidor para sacar el trono, comprometiendo sus vueltas a la cárcel en cuando acabase. Obviamente la respuesta fue negativa, lo que enfurecieron a los presos. El día en que la imagen debía encontrarse con el pueblo de Málaga, los presos consiguieron burlar la seguridad, se dirigieron al Convento de San Francisco donde se veneraba la imagen y lo llevaron a hacer el recorrido procesional en el más estricto silencio. Todos, sorprendidos con el acto y la actitud de los hombres, éstos volvieron a la cárcel sin faltar uno sólo, como prometieron en un principio. El rey, informado del acontecimiento, le dio a la Cofradía “El Rico” el privilegio de que cada Semana Santa librase un penado durante su estación penitencial.

En 1976, el Rey Don Juan Carlos I, renovó el privilegio de Liberación de un preso cada Miércoles Santo, y aún hoy éste hecho es uno de los que más conmueve en nuestra Semana Santa.

Preso liberado y  El Rico en plena procesión

Preso liberado y El Rico en plena procesión

 

Tras ésta conocida leyenda, nos vamos a otra con mucho encanto que nos llega a nuestros tiempos gracias al escritor malagueño Diego Vázquez Otero. Nos cuenta que hubo un  día que saltó una borrasca estando unos pescadores en el mar, y empujó la jábega mar adentro. Los pescadores con tan tremenda tormenta perdieron la vista de la playa y el monte. El patrón, aún siendo un gran profesional en estos trabajos no podía controlar la embarcación, a la cual cubrían las olas de forma tenebrosa, con un cielo lleno de nubarrones que hacían temblar de miedo a los marineros. Pasando por momentos dramáticos, los hombres imploraron la misericordia de Dios y el perdón divino, negándose a morir como buenos cristianos. Tras horas de pánico, entre las nubes se abrió un rayo de sol enfocando un punto de las aguas revueltas, donde flotaba la talla de un Cristo Crucificado. El patrón, con gran esfuerzo, se dirigía hacia la imagen, y mientras la jábega se acercaba poco a poco la tormenta disminuía hasta quedar el mar totalmente sereno. Los marineros, dando gracias al cielo por el favor, recogieron la imagen contemplando cómo la herida del costado de Jesús brotaba la sangre lentamente.

Al llegar a tierra firme, y reencontrarse los marineros con sus familiares, al principio no comprendían qué les ocurrió a los marineros, y pensaron que traían a un hombre herido hacia ellos, pero al comprobar que se trataba de una escultura de Jesús crucificado brotando sangre del divino costado, todos cayeron de rodillas ante el milagro.

El escritor nos cuenta que los hombres trasladaron al Santísimo Cristo de la Sangre a una ermita cercana existente entre el Cerro de San Cristóbal y del monte Gibralfaro en donde se establecía por aquel entonces la Orden de la Merced.

Preciosa imagen de nuestro Santísimo Cristo de la Sangre

Preciosa imagen de nuestro Santísimo Cristo de la Sangre

 

Con el olor a mar que nos deja esta historia, nos dirigimos al barrio de la Trinidad, a una encantadora historia de amor sucedida a mediados del siglo XIX. Cristóbal Ruiz, era un bandolero nacido en Igualeja más conocido como Zamarrilla. El bandolero dirigía una cuadrilla de ladrones con delitos en la Serranía de Ronda, la Costa malagueña y la propia capital.

Fugándose de la justicia en Málaga, Zamarrilla encontró una capilla presidida por una Dolorosa trinitaria. En plena persecución el bandolero se refugió bajó su manto, los guardias entraron y buscaron por todos los rincones saliendo decepcionados sin haber encontrado ni rastro del bandolero. Tras un largo tiempo escondido, salió asegurándose que ya no corría peligro, quiso agradecer a la Virgen su ayuda pero como no llevaba nada de valor, cortó una rosa blanca y se la clavó con su puñal en el pecho. La flor quedó prendida en la imagen, pero es entonces cuando Zamarrilla con miedo contempló cómo la rosa iba tiñendo lentamente de sangre.

ermita

Sorprendido el bandolero, pensó que la Virgen se había convertido en humana, viendo que no era así, pero que la flor instantes antes era blanca y se había cubierto de sangre hasta convertirse en una rosa roja, Zamarrilla cayó arrepentido con el milagro. Sintiendo un amor grandísimo por aquella virgen, ingresó el resto de sus días en un convento cercano de la ermita de María Santísima de la Amargura, y todos los años en el aniversario del milagro, el bandolero bajaba por el antiguo camino de Antequera hasta el oratorio de la Señora para regalarle una rosa roja que depositaba en sus pies de las que él mismo cultivaba en su pequeño huerto.

Una tarde, Zamarrilla cumpliendo su promesa anual fue atacado por unos salteadores que al no encontrar ningún objeto de valor en el fraile, lo apuñalaron hasta darle muerte. Extrañados al día siguiente en su comunidad por la tardanza del fraile salieron en su busca. Hallaron el cuerpo de Zamarrilla, todo ensangrentado en medio del camino con una rosa entre sus manos, que había cambiado de color rojo por un color blanco resplandeciente.

María Santísima de la Amargura

María Santísima de la Amargura

 

Sabiendo leyendas de justicia, marineros y amor, en nuestra Semana Santa también encontramos una historia de perdón a un soldado que ocurre en el siglo XVII. Un arcabucero (soldado en los ejércitos de Flandes) con miedo de morir en los combates fue a confesar sus pecados a un fraile Mercedario. Entre todos sus pecados había uno de tal gravedad que no pudo obtener la absolución, mandándole el fraile a acudir a Roma para que el papa lo absolviera.

El soldado español, ante la imposibilidad de viajar hasta Roma a ver al papa, se postró ante los pies de la imagen de Jesús Nazareno de Viñeros y llorando arrepentido, pidió perdón por aquel pecado que le perseguía en el alma. Al mirar hacia el rostro de la imagen, pudo ver cómo el Cristo separando el brazo derecho de la Cruz, le daba la bendición absolutoria. Los sollozos atrajeron a los Padres Mercedarios que admiraron aquel prodigio. Desde aquel entonces, el brazo nunca volvió a su posición original, y corriendo la noticia por la ciudad, los feligreses acudieron a ver el acontecimiento.

Arcabucero acompañando al Cristo en procesión

Arcabucero acompañando al Cristo en procesión

A raíz de que sucediese el milagro los Tercios que habitualmente estaban en Málaga comenzaron a acompañar a la hermandad de Viñeros.

viñeros

 

Son muchas las historias que esconden las cofradías entre tantas imágenes, como la historia de nuestra Virgen de ojos verdes. Cuenta la gente que allá en la Semana Santa de 1926, la Cofradía del puente del Cedrón procesionaba por primera vez con la nueva Virgen donada por Antonio Domínguez Silva. Cuando Nuestra Señora de los Dolores (llamada así por aquel entonces) recorría por las calles, alguien le arrojó palomas y flores en señal de cariño y devoción. Volaron las palomas perdiéndose en el cielo malagueño, pero una se posó en las manos de la imagen, y por más vaivenes que dio el trono no se marchó. Los malagueños no perdían la vista del animal esperando que alzase el vuelo pero, como un penitente más llego al encierro junto a la Virgen.

En la misma iglesia donde salía la imagen en aquella época, se veneraba otra Virgen con la advocación de los Dolores. Los hermanos pensando que tendrían que cambiarle el nombre para no tener dos imágenes llamándose igual, un joven, habiendo asistido al suceso ocurrido con la paloma, dijo que la Virgen entró el año anterior con una paloma entre sus manos, y aquello debió ser una señal por la que ella mismo eligió llamarse así. El resto del comité le pareció una excelente idea y fue aprobada por votación que Nuestra Señora de los Dolores recibiese la advocación de María Santísima de la Paloma.

paloma

 

Como podemos apreciar, son muchos los relatos que se van contado de abuelos a nietos durante muchas décadas, y que hoy nos llega así. Inicialmente decíamos en el anterior post, que son más de 40 cofradías malagueñas, cada una de ellas llenas de historia y encanto, pero nos sería imposible resumir todos los secretos de las imágenes que pasearan estos días por nuestras calles. Por esa razón, sólo hemos citado a una mínima parte de ellas, pero insistiendo, que este post seguirá abierto para seguir contando las antiguas leyendas, historias, curiosidades y anécdotas que existe en nuestras tan veneradas imágenes.

Nuestro Padre Jesús de la Columna (Gitanos)

Nuestro Padre Jesús de la Columna (Gitanos)

Con todo nuestro respeto, cariño y devoción a la Semana de Pasión de Málaga.

Siente Málaga.

Devoción del pueblo al Cautivo pasando por el Puente de la Aurora

Devoción del pueblo al Cautivo pasando por el Puente de la Aurora

 

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